6 de agosto de 1945: El día que cambió el mundo

HiroshimaEl reloj marcaba las 08.15 ese 6 de agosto de 1945 cuando un bombardero Boeing B-29 llamado Enola Gay lanzó sobre Hiroshima la bomba de uranio Little Boy.

Justo 43 segundos después, cuando se encontraba a 600 metros del suelo, estalló en una bola de fuego de hasta un millón de grados centígrados, arrasando con casi todo lo que estaba a su alrededor.

“¿Cuántos japoneses matamos?”, se preguntó el copiloto del Enola Gay, el capitán Robert Lewis. “Honestamente me cuesta encontrar las palabras para explicar esto. Dios mío, ¿qué hemos hecho?”, escribió en su diario de a bordo mientras el avión regresaba a su base en una isla del Pacífico.

La onda de choque inicial generó ráfagas de 1,5 kilómetros por segundo que arrastraron con fuerza escombros y desgarraron a su paso miembros y órganos humanos, antes de volver a la zona cero. Entonces, un hongo nuclear empezó a elevarse por encima de la ciudad hasta alcanzar los 16 kilómetros de altura.

Se estima que murieron alrededor de 140.000 personas en el ataque, entre ellos los sobrevivientes al bombardeo que fallecieron poco después a consecuencia de la radiación.

Tres días después de Hiroshima, el ejército estadounidense lanzó una bomba de plutonio en la ciudad portuaria de Nagasaki, matando a unas 74.000 personas. Y, pocos días después, el 15 de agosto de 1945, Japón se rindió, poniendo fin a la guerra del Pacífico y, por tanto, a la Segunda Guerra Mundial.

Los partidarios de ambos ataques defienden que, aunque el número de víctimas fue elevado, sirvieron para salvar millones de vidas, al evitar una invasión terrestre. Pero en 1945 muchos altos comandantes estadounidenses consideraban que la bomba atómica era “militarmente innecesaria, moralmente condenable, o ambos”.

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