¿Vamos a Córdoba?

¿Vamos a Córdoba?

Si formas parte de los que a pesar del fin de semana largo tienen que trabajar, estudiar o no tienen la posibilidad de realizar un viaje, no te preocupes.

Te llevamos a recorrer las sierras de Córdoba y el dique San Roque en estas hermosas imágenes tomadas por un drone.

 

HISTORIA

El Dique San Roque es una represa de hormigón que se ubica en el Valle de Punilla que forma un espejo de agua de nombre homónimo que a lo largo de sus costas, ha permitido el desarrollo de centros urbanos como Villa Carlos Paz, Estancia Vieja, Villa Santa Cruz del Lago, Villa Parque Siquiman, Bialet Massé y San Roque.

Fue concebido, principalmente, para proveer agua a la ciudad de Córdoba, almacenándola durante el período de lluvias, para utilizarla durante los periodos de escasez de lluvias y ha tenido dos etapas de construcción: la primera en 1880 y la segunda en 1944.

En 1884, el gobernador Miguel Juárez Celman encargó al ingeniero Eugenio Dumesnil el proyecto de un embalse sobre el Río Primero, para proteger a la ciudad de las crecientes y asegurar la provisión de agua potable para la ciudad de Córdoba. Dumesnil decidió asociarse con el ingeniero Carlos Cassaffousth.

Los estudios fueron presentados a Juárez Celman, junto con el proyecto, el 1 de mayo de 1884. El contrato que daba comienzo a la construcción del dique se firmó el 21 de octubre de 1886. La provincia cedía la construcción del mismo a la empresa de Juan Bialet Massé y Félix Funes, y concedía la dirección de la obra a Cassaffousth.

Las obras demandaron el continuo esfuerzo de más de 3000 obreros, que en tres años lograron terminar el dique. Éste fue inaugurado el 12 de abril de 1890 por el presidente Miguel Juárez Celman. Por aquella época, el dique San Roque fue primer dique en levantarse en Sudamérica y el mayor embalse artificial del mundo, albergando 250 millones de m3 de agua.

Murallón del dique construido por Cassaffousth (Imagen de Dario Alpern)

Murallón del dique construido por Cassaffousth (Imagen de Dario Alpern)

El murallón del dique tenía 115 m de longitud y 37 m de altura. Era el mayor embalse artificial del mundo de esa época.

En el mes de mayo de 1892 asumió el gobernador Manuel D. Pizarro, que solicitó a la legislatura efectuar los arreglos al Dique San Roque. Sin agua corriendo por las acequias de riego, más de 10 000 hab. de los Altos no tenían agua para regar, para los animales, para beber ni higienizarse. Por ello solicitó al presidente Carlos Pellegrini hacer una investigación exhaustiva del estado del dique, y éste destinó para esa tarea, y para las obras de reparación al ingeniero Federico Stavelius, vicepresidente del Departamento de Ingenieros de la Nación.

En el mes de julio de ese año la población se alarmó por el rumor que había hecho correr el encargado del embalse, quien —asustado por una creciente del río, y dejando de lado que el embalse estaba casi vacío— había anunciado que el dique cedería y la ciudad sería destruida.

En agosto, Stavelius y Cristian Kürzer,señalaron 90 puntos de filtraciones de agua en el dique. Se señalaban varias pequeñas rajaduras y una grande, que atravesaba al dique en su parte central, según Stavelius “de parte a parte”.

A pesar de que varios ingenieros jamás encontraron las grietas y fallas denunciadas en el informe, Pizarro autorizó los trabajos de reparación y procesó a Bialet Massé y a Casaffoust por defraudación en la calidad y en el precio de la obra del dique.

En 1944 se inició la construcción del nuevo dique, de características completamente distintas ya que se trata de un muro de hormigón en arco. Mantiene la misma cota de coronación y de llenado.

El viejo dique, ubicado 150 m aguas arriba del nuevo, fue dinamitado para permitir el paso del agua; no obstante, una parte del mismo resistió a los explosivos, de modo que aún se lo puede ver en la superficie del lago. Esto dejó en evidencia la calidad de la construcción del dique original, echando por tierra todo tipo de especulación respecto de su fortaleza.

 

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