¿Sabías que los delfines pueden reconocer a sus compañeros tras 20 años de separación?

EFE delfinesLos delfines pueden reconocer los silbidos de sus antiguos compañeros de tanque tras haber sido separados durante más de 20 años. Se trata de la memoria social más larga jamás registrada en una especie no humana, y coloca a los delfines junto a los chimpancés y los elefantes en la cúpula de la sofisticación cognitiva junto a los humanos.

El talento de los delfines para el reconocimiento social puede ser incluso más duradero que el reconocimiento facial entre los seres humanos, ya que las caras humanas cambian con el tiempo, pero el silbido/firma que identifica a cada delfín permanece estable a lo largo de muchas décadas. “Esta capacidad nos muestra a un animal que opera cognitivamente a un nivel que es muy similar al de la memoria social humana”, comenta Jason Bruck, de la Universidad de Chicago, quien ha dirigido el estudio que ha llegado a esta conclusión y que se publica en la última edición de las Actas de la Royal Society of London.

Para establecer cómo y durante cuánto tiempo los delfines podían recordar a sus antiguos compañeros, Bruck recogió datos de 53 delfines de nariz de botella en seis instalaciones diferentes que tienen en común que forman parte de un consorcio que ha colaborado entre sí durante décadas, y que dispone desde entonces de archivos completos de los delfines, por lo que se puede saber quiénes estuvieron juntos, cuándo y dónde.”Éste es el tipo de estudio que sólo se puede realizar con grupos cautivos de delfines cuando se sabe el tiempo que los animales han estado separados”, comenta Bruck, quien añade que “un estudio similar en la naturaleza sería casi imposible.”

En los últimos años, otros estudios han establecido que cada delfín desarrolla su propio silbido/firma único, que parece funcionar como un nombre. Los investigadores Vincent M. Janik y Stephanie L. King, de la Universidad de St. Andrews, en Escocia, informaron a principios de este año que un delfín mular salvaje puede aprender y repetir firmas pertenecientes a otros individuos, y contestar al otro delfín imitando su llamada diferenciada.

Bruck reprodujo grabaciones de silbidos de los delfines en los tanques de otros de los que se sabía documentalmente que habían compartido espacio con los animales que hicieron las llamadas. La determinación de si los delfines reconocían a sus antiguos compañeros requirió una comparación metódica sobre cómo respondieron éstos a las llamadas que les resultaban familiares frente a las llamadas que pertenecían a los delfines que nunca había conocido.

En primer lugar, Bruck dejo escuchar grabaciones de silbidos de individuos que los delfines objetivo nunca habían escuchado antes. Sus estudios iniciales mostraron que estos “delfines se aburrían rápidamente al escuchar silbidos de firma de delfines que no conocían.” Una vez que se habituaron a las llamadas desconocidas, Bruck introdujo una grabación de un animal que había convivido con el delfín objetivo. Estas llamadas le resultaron familiares, y a menudo los animaba y los movía a dar una respuesta inmediata.”Cuando escuchan a un delfín que conocen, a menudo se acercan rápidamente al lugar de dónde procede el sonido de la grabación”, comenta Bruck. “A veces van a rondar ese espacio, silban en él, y tratan de conseguir que la fuente de sonido silbe de nuevo.”

Para comprobar que esta respuesta era el resultado del reconocimiento, Bruck también ponía a escuchar una grabación de prueba de un delfín botella desconocido que tenía la misma edad y sexo que el animal que le resultaba familiar al delfín objetivo, pero al que no conocía. Rápidamente se pudo comprobar cómo el delfín objetivo no reaccionaba con la misma rapidez y la intensidad de la respuesta era mucho menor. Un claro patrón emergió de entre los datos: En comparación con las llamadas desconocidas, los delfines respondieron significativamente más a los silbidos de animales que alguna vez conocieron, incluso si no habían escuchado estas llamadas durante las últimas décadas.

Un ejemplo notable de esta tesis lo obtuvo Bruck al reproducir una grabación de Allie, una delfín hembra que actualmente vive en el Zoológico de Brookfield, para que la escuchara otra hembra, Bailey, que hoy vive en las Bermudas. La pareja había vivido junta en en los Cayos de Florida, cuando Allie tenía 2 años y Bailey, 4. Pero 20 años y seis meses después de su último contacto, Bailey seguía reconociendo rápidamente la grabación del silbido de Allie. Ese tipo de rendimiento cognitivo tras décadas de separación, observado en multitud de casos, llevó a Bruck a concluir que los delfines mantienen en su recuerdo durante toda la vida los silbidos de los demás.

En la naturaleza, los delfines mulares tienen una esperanza de vida media de alrededor de 20 años, aunque los individuos más longevos pueden sobrevivir hasta 45 años o más. De hecho, el estudio de Bruck parece mostrar que los delfines tienen la memoria más larga de cualquier especie no humana. Como anécdota, un elefante puede recordar a una madre después de 20 años, pero nunca se han encontrado pruebas de los recuerdos de estos animales a largo plazo fuera de las relaciones familiares. Tampoco se sabe exactamente por qué las memorias sociales de los delfines persisten durante tanto tiempo. Los delfines muestran conexiones sociales sofisticadas que siguen un modelo de “fisión-fusión”. En alta mar, los delfines pueden separarse de un grupo y fundirse con otros grupos muchas veces. Estas relaciones podrían haber exigido un aumento de la capacidad de la memoria. Pero también es posible que la memoria sea sólo una faceta más de la mente avanzada de los delfines que se desarrolló por otras razones.

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