El «enigma» de una «Venus» de más de 18.000 años

CUEVA DE CHUFÍN, EL 'ENIGMA' DE UNA 'VENUS' DE MÁS DE 18.000 AÑOS Enclavada en la falda de una montaña bañada por el río Nansa, la cueva cántabra de El Chufín ofrece la experiencia única de conocer sus pinturas rupestres en un viaje al pasado sin artificios, y la oportunidad de desvelar el ‘enigma’ de su ‘venus’, pintada hace unos 18.000 años.

Esta es la pintura que ha despertado la discusión científica sobre su significado, en una cavidad Patrimonio de la Humanidad, junta a otras nueve de Cantabria, que alberga en sus paredes dibujos hechos con el dedo, antropomórficos y de animales, y grabados de cérvidos y bisontes

Junto a grupos de bastoncillos, puntos y trazos sin un significado desvelado hasta el momento, emerge la figura redondeada de lo que, para algunos científicos, es una mujer, según relata a Efe el conservador y especialista en arte prehistórico, Raúl Gutiérrez.

Aunque al principio se pensó que se trataba de trazos sin una explicación concreta, algunos investigadores han visto en esta pintura la representación de una ‘venus’ del Paleolítico, símbolo de la fecundidad para los habitantes de la cueva en el periodo Solutrense, hace más de 18.000 años.

Aprovechando los relieves de la pared de la cueva, esta figura roja, dibujada con óxido de hierro como el resto de pinturas de la cavidad, ofrece al espectador volúmenes como si fueran una tripa y unos trazos en su parte baja que se asimilarían a una «abultada vulva».

El Chufín ofrece, además, otras singularidades dentro del arte rupestre como grabados de cérvidos en trazo trilineal -hechos con solo tres trazos-, que han aparecido no solo en el interior, donde es lo más habitual, sino también en el exterior.

En la entrada de la cueva, la zona donde sus antiguos habitantes solían hacer la vida y que se puede asemejar al porche de una vivienda moderna, se han encontrado, además de esos dibujos tallados en la roca, vestigios de lo que se supone que era una especie de cabaña para cocinar.

También han aparecido industrias líticas, como puntas de distintas formas para lanzas e incluso se cree que para las primeras flechas lanzadas con arco, otras herramientas de piedra y restos óseos de cápridos y de otros animales, vértebras de peces y conchas de lapa procedentes probablemente de la costa del Cantábrico.

Todo esto es lo que pueden descubrir quienes estén dispuestos a correr la pequeña ‘aventura’ de llegar a esta cueva a través de un camino sinuoso e irregular, que hay que recorrer a pie durante unos 15 minutos, y a gatear unos metros desde su boca para alcanzar una sala en la que destacan, no solo sus pinturas, sino un techo esculpido por los sedimentos.

La cavidad, cuyas pinturas fueron descubiertas en 1972 por un fotógrafo local -aunque la existencia de la cueva se conocía antes en la zona-, se encuentra en estado ‘virgen’ y sin apenas alteraciones desde que se realizaron las primeras excavaciones hace más de 40 años.

Además, los que se adentren en esta cueva pueden comprobar si es cierta o no la leyenda del tesoro escondido por el moro Chufín, del que toma su nombre, y que ha dejado el suelo lleno de agujeros de los expoliadores que han intentado a lo largo del tiempo arrancarle sus secretos.

Al contrario que otras cuevas de Cantabria, ésta no está acondicionada, lo que para Raúl Gutiérrez ofrece a los visitantes la experiencia «única» de acceder al interior con linternas y descubrir por ellos mismos la cueva, aunque estas visitas no sean aptas «para todo tipo de público».

 

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