Cuidá tus ojos, ya tienen 500 millones de años

Los ojos son uno de los órganos más notables y valiosos para cualquier animal. Sin embargo, sus orígenes han sido un misterio hasta hace muy poco. Incluso hay algunas preguntas sobre el ojo que todavía no son fáciles de responder: ¿Por qué se desarrolló el ojo? ¿Por qué se han desarrollado tipos tan diferentes de ojos como los insectos y crustáceos o los de los vertebrados como nosotros?

El profesor Trevor Lamb, del Centro de Visión en la Universidad Nacional de Australia, ha dedicado más de 30 años a la investigación de estos secretos y publicó un estudio sobre el origen de los ojos y la visión de los vertebrados que resume las conclusiones a las que han llegado durante los últimos tiempos científicos en todo el mundo.

Los profundos orígenes de la “visión” se remontan a más de 700 millones de años, cuando la Tierra estaba habitada por animales unicelulares como amebas, algas, corales y bacterias. En aquel momento hicieron su aparición los primeros productos químicos sensibles a la luz, las opsinas, que fueron utilizadas de forma rudimentaria por algunos organismos para diferenciar el día de la noche.

“Sin embargo, estos animales eran pequeños, -comenta Lamb- y no tenían un sistema nervioso que les permitiera procesar las señales de sus sensores de luz”. Durante los siguientes 200 millones años esas células simples sensibles a la luz y sus opsinas se dedicaron a evolucionar haciéndose lenta y progresivamente mejores – llegaron a ser más sensibles a la fluctuación lumínica de una forma más rápida y fiable- hasta que hace unos 500 millones de años ya se parecían mucho a los conos de nuestros ojos actuales.

“Los primeros verdaderos ojos, que consisten en grupos de células sensibles a la luz, sólo comienzan a aparecer en el Cámbrico, hace 500 millones de años, y representan un gran salto en la carrera evolutiva”, dice el Prof. Lamb. “Las criaturas que podían ver claramente estaban un gran paso por delante en la carrera por la supervivencia frente a los que no veían”.

Por ejemplo, había animales como el Anomalocaris, un depredador marino con la forma de un escorpión gigante de más de un metro de largo, -el Tiburón de su época- que tenía unos ojos del tamaño de canicas que le permitían orientarse al navegar por los antiguos mares y localizar a sus presas. Esta bestia, que empleó el modelo de ojo de insecto con muchas facetas, tenía no menos de 16.000 unidades receptivas en las células de visión de cada ojo.

Las crías de Ascidia, un vertebrado bastante rudimentario, tienen una simple mancha ocular llamada ocelo, que es básicamente un conjunto de fotorreceptores. El animal adulto pierde esto, ya que se inmoviliza, por lo que la visión no es importante para él. El ocelo parece remontarse al menos 600 millones de años atrás.

El Pez Bruja tiene un parche de piel traslúcida a cada lado de la cabeza donde uno esperaba ver sus ojos, y enterrados bajo estos parches hay un par de ojos muy simples con células sensibles a la luz y un nervio óptico sencillo – pero no hay rastro de músculos, lentes o iris.

“Los antepasados del Pez Bruja se remontan a más de quinientos millones de años, por lo que este órgano básico de detección de luz parece haber sido el comienzo de algo grande “, comenta Lamb, quien añade que “las Lampreas, similares pero más evolucionadas, también aparecieron hace unos 500 millones de años, y ya tienen un par de ojos de tipo cámara muy similares a los nuestros. “Estos parecen ser los precursores directos del ojo de los vertebrados, que hemos heredado de nuestro ancestros marinos”.

“A partir de esto podemos deducir que el ojo, al estilo de los vertebrados, ha existido por lo menos 500 millones años, – dice Lamb- y a pesar de que sus sensores de luz y sus sistemas de señalización son muy similares a los de los insectos y otros invertebrados, su sistema óptico ha evolucionado con total independencia del ojo de insecto de con sus múltiples facetas”.

Otra prueba de las primeras existencias de ojos emparejados puede encontrarse en los restos fósiles de unos extraños animales con cresta hallados por científicos chinos en unas rocas con 500 millones de años de antigüedad. A partir de entonces puede decirse que se estabiliza el modelo básico del ojo en los vertebrados y empieza a evolucionar, introduciendo innumerables mejoras, formando los ojos de los peces, anfibios, reptiles, aves, mamíferos y, con el tiempo, los nuestros.

EFE FUTURO

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