Buscan datos astronómicos en una cueva en Canarias

Fotografía facilitada por Julio Cuenca de una cueva grancanaria, situada en la que probablemente fue comarca aborigen de Artevigua.

Fotografía facilitada por Julio Cuenca de una cueva grancanaria, situada en la que probablemente fue comarca aborigen de Artevigua.

Una cueva situada en Canarias (Atlántico) puede revelar un insospechado conocimiento astronómico por parte de los antiguos canarios ya que marca equinoccios y solsticios y en su interior la luz recrea imágenes relacionadas con la fecundidad.Según la hipótesis del arqueólogo Julio Cuenca, que investigó esta zona desde la década de los 90 del siglo XX, esa cueva fue utilizada como templo y, además de su orientación astronómica, la luz crea en su interior un relato mitológico de fecundidad del que no hay ejemplos similares a nivel mundial.

“Es como un proyector de imágenes de una cultura desaparecida”, afirma Julio Cuenca. Con el paso de los meses la proyección solar va cubriendo estos triángulos y según se aproxima el solsticio de verano y llega el otoño, las imágenes se transforman en una mujer embarazada y finalmente, en una semilla, asegura el investigador.

Es la primera vez que el arqueólogo encuentra algo parecido y, en su opinión, esta cueva puede suponer un punto de inflexión respecto a las teorías que tienen por primitivos a los antiguos habitantes de las islas pues, por el contrario, apunta a unos conocimientos astronómicos “impresionantes”.

Julio Cuenca explicó que el lugar constituye uno de los mayores poblados de cuevas aborígenes reutilizados posteriormente por los actuales habitantes de la isla.

Fotografía facilitada por Julio Cuenca de una cueva grancanaria, situada en la que probablemente fue comarca aborigen de Artevigua.

Fotografía facilitada por Julio Cuenca de una cueva grancanaria, situada en la que probablemente fue comarca aborigen de Artevigua.

En la zona hay una veintena de cuevas que se habían usado para vivienda o para el ganado y de ellas, dos son muy extensas.

La cúpula contiene una especie de túnel orientado al naciente donde entra la luz solar con un evidente significado astronómico y la primera vez que Cuenca observó en ella el solsticio de verano, en 2009, fue “espectacular” ver cómo el Sol entraba y se proyectaba en el fondo, en un recorrido de dos horas sobre los grabados.

La luz solar entra en la cueva a partir del equinoccio de primavera y es perceptible en su interior durante unas dos horas diarias entre marzo y septiembre, algo inusual en una construcción orientada astronómicamente.

Pero además de marcar con absoluta precisión los equinoccios y los solsticios -algo fundamental para la agricultura- Cuenca se encontró con la sorpresa de que la Luna llena en el solsticio de invierno crea una imagen en la pared.

“Hay ranuras en el conducto hacia el exterior por donde entra la luz y eso hace sutiles cambios en las figuras, que logran montar una película, una secuencia de imágenes que puede ser un diseño preestablecido por los sacerdotes-astrónomos, los faycanes, y plantea un salto cualitativo impresionante sobre estos pueblos de los que se piensa como primitivos”, puntualiza el arqueólogo.

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